Comunicado Nº 18
“SI HA OCURRIDO PUEDE VOLVER A OCURRIR”
Esa es quizás la más sublime enseñanza del legado y testimonio de los supervivientes del Holocausto; en ella no solo hay una sabiduría elemental, sino una advertencia sobre los peligros del antisemitismo global que enfrentamos.
Primo Levi, judío, resistente y víctima del horror de Auschwitz, en Si esto es un hombre, obra magna de la memoria y legado imperecedero del dolor de la Shoá, advirtió con la lucidez del superviviente, que cuando unos seres humanos despojan a otros de su humanidad, se pone en marcha un mecanismo inexorable que conduce a su asesinato, a su exterminio. Los conducen a la muerte solo por el hecho de existir, de ser.
Fue la misma constatación que sufrimos el 7 de octubre de 2023, y la que se repite en tantos otros atentados donde la vida judía es segada únicamente “por el hecho de serlo”, como ha sucedido durante la reciente festividad de Janucá en Sídney, la historia nos devolvió una confirmación trágica de esta premisa con el asesinato de 15 personas
Por eso, ahora, se hace imperativo reflexionar sobre el significado profundo de «Nunca Más». Existe el riesgo latente de degradar esta expresión a un simple eslogan vacío, despojándola de su carga moral y transformándola en una frase inerte. Debemos recordar que el «Nunca Más» no es una meta retórica, sino un deber moral que exige una acción decidida; es un símbolo de resistencia inquebrantable frente a la intolerancia y un clamor que apela a la esencia misma de nuestra humanidad.
Bajo la premisa de que «Nunca Más es Ahora», se lanza un llamamiento urgente para frenar la marea de antisemitismo global que, de forma alarmante, ha echado raíces en España. Esta hostilidad anida hoy en una Europa que ya fracasó al intentar contener el auge del nazismo en el pasado, y que hoy parece conformarse con declaraciones de intención superficiales. En un escenario dominado por el ruido y la furia antisemita, estas palabras corren el riesgo de ser sepultadas si no se traducen en un compromiso real. Es imperativo que este compromiso trascienda la retórica para convertirse en una garantía real de memoria, justicia y dignidad para los judíos que habitan en Europa. Debe ser una voluntad firme para atajar el antisemitismo global que, de forma alarmante, está muy presente en España y anida nuevamente en una Europa que ya fue incapaz de frenar el ascenso del nazismo.
Para ello es necesario señalar verdades incómodas que persisten desde las décadas previas al Holocausto. A los nazis les resultó sorprendentemente sencillo ejecutar la «solución final». Por eso, sostener que un puñado de dementes impuso el exterminio a una Europa reticente es una idea tan falsa como peligrosa. Cruzar esta idea con la actualidad nos hace constatar la tragedia de la retórica vacua, en la que artistas, deportistas y ciudadanos judíos son repudiados en público en actos aberrantes antisemitas de violencia extrema y fanatizada.
¿Qué fue del sacrificio de seis millones de conciudadanos, despojados de su humanidad, segregados, deportados y asesinados en masa en los campos de la muerte y con ellos a los no judíos señalados como vidas sin valor? ¿Estamos a tiempo de revertir la situación? ¿Somos conscientes de la amenaza? ¿Entendemos qué significa el repudio al judío en las calles de Europa? ¿lo que realmente significa que llevar símbolos judíos es un riesgo?
El antisemitismo es un mal que fagocita a las sociedades, adaptándose a sus cimientos morales, culturales, espirituales y políticos. En su tránsito histórico observamos su matriz religiosa, que luego se hizo racial y posteriormente política, hasta convertirse en la actualidad en un crisol donde confluyen —ya sea de forma irracional o como una construcción intencional— todas ellas para dar forma al antisemitismo global
La urgencia de la situación exige reiterar lo obvio. El antisemitismo no es patrimonio exclusivo del nazismo; es más, este arraiga en una Europa ya intoxicada por esa lacra. La aclaración es pertinente porque el antisemitismo también tiene raíces en la tradición histórica del izquierdismo, fenómeno perfectamente documentado y analizado por Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, donde describe episodios de purgas y persecuciones a judíos en el bloque soviético. El trayecto de Auschwitz al Gulag es una certeza histórica que debe ser objeto de atención y memoria. El antisemitismo global se apoya hoy también en un neozquierdismo que no es ajeno a su tradición histórica antisemita, con sus libelos de sangre comunes y su demonización fanática del Estado de Israel, el «judío de los Estados».
La memoria de la Shoá debe trascender de una mirada eurocentrista. La verdad histórica revela una confluencia cómplice entre el nazismo y el liderazgo islamista de la Palestina bajo el mandato británico. Intereses estratégicos y militares comunes, y un antisemitismo compartido requieren atención. El Gran Muftí de Jerusalén no solo hizo de la Alemania nazi su hogar, sino que fue parte del mecanismo explicado por Primo Levi que inexorablemente concluyó en Auschwitz. Islamismo, neo izquierdismo y neofascismo confluyen como consecuencia de su dinámica histórica.
El antisemitismo de matriz nazifascista ha utilizado como recursos propagandísticos la minimización, la trivialización y la negación de la Shoah. El antisemitismo global lo hace también, pero a su manera. Enmarcado en sus propios mitos, narrativas y simbología. Veamos: ¿No es una forma de negación conmemorar el Holocausto silenciando su hecho fundamental, que es el exterminio de 6 millones de judíos? ¿Qué pretenden con ello extirpando de la verdad histórica el antisemitismo como causa?
Minimizar y trivializar es comparar lo incomparable. La guerra siempre muestra lo peor de la condición humana. Siempre fue así y, por desgracia, siempre lo será. La solidaridad con las víctimas inocentes de un conflicto bélico es un deber moral, como también lo es exigir responsabilidad a quienes las provocaron con sus decisiones. Decir «Israel genocida» a raíz de la guerra contra Hamás, incluso antes, no solo es falsear la realidad a no sostenerse en ninguna resolución judicial y criminalizar de forma extrema a todo un país, además es un acto de trivialización del Holocausto; persigue resignificar la historia del pueblo judío, invirtiendo el rol de víctimas y supervivientes por el de verdugos. Es un crimen contra la historia, la conciencia moral del mundo y la punta de lanza del antisemitismo global. Gaza es comparable con probablemente miles de conflictos históricos, pero no con la Shoah; hacerlo revela una intencionalidad antisemita y la propagación de una mentira.
En el principio fue el antisemitismo, después vino la expulsión, la segregación los pogromos y la Shoá. Tras la Shoá, permaneció el antisemitismo, después vino la demonización, el boicot, el repudio, los pogromos, la propaganda de exterminio “Desde el Rio hasta el Mar” y el asesinato de judíos. Y en el viento queda la pregunta de qué vendrá después…
¡¡ Nunca más es ahora!!
