Todos los imperialismos de la Historia, incluyendo los que no consiguieron serlo, han tenido a los judíos como un “enfant terrible” a los que había que expulsar (Egipto, Roma, Inquisición Española, Imperio Otomano, Alemania…etc.).
Hitler llamó al exterminio en masa de los judíos “solución final”. Ya sabemos a qué se refería, aunque lo que debe hacernos reflexionar hoy es la palabra “solución” al lado de “final”, a la luz de lo que las plataformas “free Palestine” empiezan a colocar en sus pancartas. Ya muchos hablan de la “solución” (de momento no la “final”) pero si empiezan a barajar ideas totalmente similares a las de los Imperialismos históricos: la expulsión de los judíos de un territorio. Y en este caso, de su propio territorio.
Pero, además, el fenómeno es tan asombrosamente similar que incluso se da el concurso de una ideología imperialista sustentando este nuevo intento-esperemos que se quede en intento- de llevar a un nuevo éxodo a los judíos: Hamás.
Al igual que el nazismo, Palestina free se basa en un planteamiento totalmente simplista, ignorante de la Historia y lo que es peor, de la propia tradición ideológica a la que dicen pertenecer. El mecanismo es este: El concepto que comenzó a ser absorbido por los sectores progresistas se reduce al hecho de que mientras Hamás debe ser entendido como movimiento de resistencia al colonialismo y no puede ser condenado por sus acciones, Israel como supuesto “poder colonial” debe ser condenado “todo entero”: no solo a Netanyahu, sino también a israelíes que entren a una hamburguesería, deportistas o cantantes. Todo lo que implique una conexión con Israel es automáticamente rechazado e implica carta blanca para el insulto o incluso la violencia.
Todo queda limitado a quién es el agente del que se hable. Si la defensora de los «derechos trans» es israelí, esto implica que es colonialista y es preferible para el caso defender al integrista musulmán “que sufre la ocupación en Palestina”.
Este posicionamiento «woke» a favor del integrismo islamista se debe a una mala lectura-o ausencia total de lectura- de las teorías de Frantz Fanon, expresadas en «Los condenados de la tierra». Dudo mucho que Fanon hubiese aceptado como “resistencia anticolonialista” a los Hermanos Musulmanes o a los talibanes. Lo mismo ocurre con Hamás o Hitzbulá.
Ya sea chií como suní, el planteamiento de los amigos de “Palestina free” es totalmente imperialista. Su estrategia para destruir Israel es paralela a la destrucción de un posible secularismo palestino y de cualquier expresión de estado plural en el Líbano.
Y este acercamiento del progresismo de izquierda con el islamismo especialmente en el contexto de los conflictos en Oriente Medio, se acerca conceptualmente al peor error de la izquierda revolucionaria en su historia.
Este fue el acercamiento de la izquierda sindicalista revolucionaria italiana a principios del siglo XX al nacionalismo radical que llevó a la fundación del totalitarismo y casi al fin de Occidente.
Las raíces del totalitarismo bebieron de la izquierda revolucionaria. A partir de una lectura nacionalista de George Sorel, se gestó un engendro que criticaba a toda Modernidad, fuera liberal o marxista. Lo que caracterizó al fascismo en el pasado caracteriza ahora a la unión del islam chií con la izquierda postcolonial, todo ello escondido bajo una falsa defensa de derechos humanos esgrimida en cada esquina por los «woke» progresistas y, por supuesto, con un indisimulado antisemitismo al que han vuelto a dar oxígeno discursivo.
No hay movilizaciones ni histeria colectiva por los miles de niños muertos en Ucrania, Sudán o Siria. Poco interés hay en los campos de concentración para los uigures en China y ni grandes movilizaciones de la «comunidad de género» por las mujeres asediadas en Irán, y menos aún por las mujeres violadas el 7 de octubre.
Así como en el pasado no podía haber arreglo o concesiones al totalitarismo, hoy día el mundo moderno no puede hacerle concesiones a la síntesis postcolonial islámica que puede derivar en el surgimiento de un nuevo engendro, consecuencia del cruce entre la izquierda y el poscolonialismo. Ya pasó en el siglo XX y no puede volver a pasar. El odio a Israel es de nuevo su seña de identidad.
Yojanan Ben Abraham
