LOS TROYANOS MENTALES DEL ANTISEMITISMO

Por Dani Lerer 

La guerra ha cambiado de forma. 

Ya no se libra principalmente con tanques, misiles o soldados cruzando fronteras. Esos elementos siguen existiendo, pero hoy funcionan muchas veces como cortina de humo de un conflicto más profundo y decisivo: la batalla por el sistema operativo de la mente. 

La propaganda del siglo XX buscaba convencer. Era burda, vertical y autoritaria. Carteles, radios estatales, discursos únicos. El objetivo era imponer una mentira clara desde arriba hacia abajo. Una narrativa monolítica. 

La propaganda del siglo XXI persigue algo infinitamente más peligroso. No busca que creas una mentira específica, sino que pierdas la capacidad de distinguir la verdad. En la era de la sobreinformación, donde hechos y falsedades circulan mezclados en el mismo feed, el objetivo no es fabricar creyentes, sino producir confusión, agotamiento cognitivo y parálisis moral. No quieren que creas algo. Quieren que dejes de creer en cualquier cosa. 

A este mecanismo lo llamamos Ingeniería del Caos. 

Y sus armas más eficaces son los troyanos mentales. 

Su éxito no se mide en territorios ocupados ni en guerras ganadas, sino en la pérdida de soberanía mental del ciudadano occidental. Cuando una sociedad ya no puede discernir entre víctima y verdugo, entre hecho y relato, entre defensa y terrorismo, la guerra está ganada sin disparar un solo proyectil. 

La ingeniería del caos: destruir la razón 

La Ingeniería del Caos no es un invento improvisado ni una conspiración reciente. Es la aplicación moderna de doctrinas de subversión ideológica desarrolladas durante la Guerra Fría. Los estrategas entendieron hace décadas que la forma más económica y eficaz de derrotar a un enemigo no es invadiendo sus fronteras, sino dinamitando su cohesión social desde dentro. 

Lo que vimos después del 7 de octubre no fue un fenómeno espontáneo. Fue la activación de una crisis informativa sobre un terreno previamente desmoralizado. Durante décadas, universidades, medios y espacios culturales occidentales fueron permeados por narrativas que relativizan la verdad, desprecian la historia y reemplazan el pensamiento crítico por activismo emocional. Ese ecosistema se convirtió en el terreno ideal para la propagación de los troyanos mentales del antisemitismo. 

Qué es un troyano mental 

Un troyano mental no es una fake news aislada. Es un virus ideológico disfrazado de verdad moral universal. 

Funciona a través del lenguaje. Se introduce en la mente pública mediante palabras clave que actúan como códigos de desactivación lingüística: genocidio, apartheid, colonialismo. Una vez activados, bloquean el pensamiento crítico y ofrecen justificación moral instantánea a la violencia. 

No buscan convencer mediante argumentos, sino imponer reflejos automáticos. El individuo que repite el troyano no se siente ignorante ni equivocado; se siente virtuoso. Moralmente superior. Esa es su eficacia. 

En el antisemitismo contemporáneo, estos troyanos no se presentan como odio abierto, sino como compromiso ético. El prejuicio milenario se recicla con lenguaje académico y estética progresista. El resultado es el mismo: el judío, ahora representado por Israel, vuelve a ser el chivo expiatorio. 

El troyano “apartheid”: el bloqueador de lógica 

El término “apartheid” no es una categoría descriptiva neutral. Es una bomba emocional. Equipara automáticamente a Israel con uno de los regímenes más repudiados del siglo XX y lo expulsa del marco de legitimidad moral. 

Una vez aceptado este troyano, la mente deja de procesar hechos verificables: 

– que el 21% de la población israelí es árabe con plenos derechos civiles. 

– que votan, tienen representación parlamentaria y jueces en la Corte Suprema israelí. 

– que partidos islamistas han integrado coaliciones de gobierno en Israel. 

El troyano no admite matices. Le dice al receptor: no analices, condena. La complejidad democrática de una sociedad diversa en un entorno hostil es borrada y reemplazada por una simplificación binaria que habilita boicot, cancelación y exclusión. 

El troyano “genocidio”: el interruptor moral absoluto 

“Genocidio” es el arma definitiva de la Ingeniería del Caos. Es un interruptor de debate. Si un actor es etiquetado como genocida, todo está permitido contra él. Terrorismo, asesinatos de civiles, anulación del derecho a existir. 

Este troyano tiene la capacidad de anular incluso la evidencia empírica. Imágenes de evacuaciones masivas, advertencias previas y corredores humanitarios son ignoradas o reinterpretadas para sostener la condena moral prefabricada. La palabra se impone sobre la realidad. 

Legalmente, el genocidio exige intención específica de destrucción. Israel hace exactamente lo contrario: invierte recursos militares en advertir a la población civil, en permitir evacuaciones y en minimizar víctimas no combatientes. Ningún genocida en la historia ha advertido a quienes supuestamente quiere exterminar. 

Pero el objetivo del troyano no es jurídico ni factual. Es simbólico. Busca invertir la historia y devolverle al judío la acusación que usaron sus verdugos. Es la profanación máxima de la memoria. 

El troyano “colonialismo”: el borrado histórico 

Este troyano presenta a Israel como una entidad extranjera implantada, despojándolo de toda raíz histórica y nacional. Reduce el conflicto a un esquema racial simplista: colono blanco versus nativo oprimido. 

Para funcionar, necesita borrar más de tres mil años de historia judía, negar el sionismo como movimiento de liberación nacional indígena y ocultar que más de la mitad de los judíos israelíes provienen de países árabes y musulmanes de los que fueron expulsados. 

También requiere sostener una ficción histórica: la existencia de un Estado palestino soberano previo a Israel. Nunca existió. La región fue otomana, luego británica, y las propuestas de partición fueron aceptadas por los judíos y rechazadas por los líderes árabes, que respondieron con guerras de exterminio. 

Al borrar la historia, el troyano convierte la barbarie en virtud y el terrorismo en resistencia. 

El último troyano: robar el lenguaje 

La fase final de esta guerra cognitiva es semántica. 

Consiste en redefinir o vaciar el término antisemitismo para dejar a la víctima sin palabras. 

Se juega con falacias etimológicas, se separa artificialmente al judío de Israel y se pretende que llamar a la destrucción del único Estado judío del mundo es una “opinión política legítima”. 

La contradicción los delata: En tiempos de paz dicen que Israel no tiene nada que ver con los judíos. En tiempos de violencia culpan a Israel por los ataques contra judíos en cualquier parte del mundo. 

No pueden sostener ambas cosas. Cuando responsabilizan a judíos en París, Sídney o Buenos Aires por una guerra en Medio Oriente, confiesan su creencia real: el judío es culpable por existir. 

El rol del periodismo y la rendición cognitiva 

Para que estos troyanos se propaguen, alguien debe bajar las defensas. Y ese rol lo cumplió, en gran medida, el periodismo occidental. Al repetir cifras de organizaciones terroristas, adoptar su lenguaje y equiparar verdad con mentira, no informó: desarmó cognitivamente a la sociedad. 

La guerra ya no necesita soldados en cada esquina si logra instalar un policía ideológico en tu cabeza que te diga qué pensar y qué no cuestionar. 

El último frente 

La batalla ya no es por la tierra. Es por la mente. El primer acto de resistencia es verificar. El segundo, rechazar el troyano. Porque si perdemos el control del lenguaje, perdemos la capacidad de pensar. Y cuando una sociedad renuncia a pensar, ya no necesita ser conquistada. 

Se entrega sola.

Fuente: https://x.com/danilerer/status/2005017190286979352