En 1948 se funda el estado de Israel con el beneplácito de la URSS, le convenía a nivel control de Oriente Medio (debilitar el mandato británico en Palestina con la partición), le gustaba el sistema socialista de kibbutz y buscaba también un aliado en la Guerra Fría.
Pero Israel se alineó con los Estados Unidos Unidos. Y la URSS, como era habitual, cambió de parecer apoyando a los países Árabes.
El 5 de junio de 1967, inciada la Guerra de los Seis Días tras años de tensión, la URSS apoyó militarmente a Jordania, Siria y Egipto mientras que el bloque occidental apoyaba a Israel. Tras la guerra, Rusia rompe relaciones con Israel y empieza su demonización a nivel oficial en un marco geopolítico, social y militar. Y, desde luego, obviamente también moral y con fines revanchistas, propagandísiticos y económicos. La URSS da su apoyo a la OLP y coloca al conflicto, siempre latente, en un contexto abiertamente marxista-leninista y con un punto de vista condenatorio a todos los niveles, acusando a Israel de colonialismo, racismo, imperialismo y comparándolo al régimen Sudafricano con el calificativo de “estado apartheid”.
El antisemitismo no era algo nuevo en la Unión Soviética, siempre lo hubo desde que fuera Rusia, de ahí viene el nombre “pogrom”. Y muchos judíos rusos emigraron a Israel o a otros países ya que la vida en un ambiente hostil no era fácil.
Con este precedente, la propaganda soviética empezó a describir al “sionismo” e Israel con categorías ideológicas standard del bloque socialista. Se los llamó COLONIALISTAS. Pero las acusaciones no tenían fundamento para muchos otros países: el pueblo judío está vinculado historica, cultural y religiosamente con la región y el sionismo no tenía una metropoli explotando una colonia.
Este marco no era casual: encajaba perfectamente con la narrativa global soviética sobre África, Asia y América Latina. Se procedió a difundir la demonización de Israel a través todos los movimientos revolucionarios alineados con el comunismo, movimientos de liberación apoyados por la URSS y en los foros internacionales y participaciones en la ONU. La postura fue clara: Israel era el enemigo. El anticolonialismo era otro de los motivos que llevaba a estas afirmaciones, ya que se presentó a Israel como un estado colonizador con asentamientos en Medio Oriente y el apoyo del bloque occidental.
La acusacion de APARTHEID también se utilizó con el fin de acusar a Israel de racista conparandolo con el réguimen de Sud Africa. Esto conllevaba contexto moral propagandísitico para hacer ver al mundo la “maldad” del nuevo y floreciente Estado y desligitimizar su existencia. Obviamente, al acusar a Israel de “racista” se topan con la incongruencia de un hecho real: en Israel conviven pacíficamente razas, religiones, nacionalidades y personas de todos orígenes. En 1975, el bloque soviético y sus aliados impulsan la Resolución 3379 de la ONU declarando que el sionismo es una forma de racismo (sic) declaración que se derogó en 1991 al caer el comunismo.
También resulta que Israel es IMPERIALISTA. Esto es fácil de entender puesto que, para la URSS, su alianza con el bloque occidental, pero básicamente con USA, lo coloca en una postura de apoyo al expansionismo, siempre según el régimen soviético. Ignorando la evidencia de que la tierra en la que nace Israel es tierra judía, el sovietismo hace hincapié en el “colonialismo” y da lugar al mantra eterno de “territorios ocupados”, cosa que hasta el día de hoy se esgrime y se repite machaconamente, una vez más, sin conocer ni fundamentos ni historia de la cuestión.
Hasta la fecha de hoy estas acusaciones son repetidas como un cliché en el marco de la política internacional, no sólo por parte de la izquierda sino apoyado también por países que antes eran “amigos”. Todo estos es fruto de la propaganda claramente impulsada por la URSS en su origen y apoyada abiertamente por los movimientos propalestinos cuyos interses hoy, ya extinto el bloque soviético, encuentran su financiación en otros países.
Hoy en día, toda la propaganda soviética florece y la recogen bajo forma de slogans tantos y tantos que, sin información alguna ni nociones básicas de historia general, no sólo ya del conflicto en sí, llenan las calles de odio manipulados por el Yihadismo, quien encontró un estupendo mentor en la difunta URSS.
Elena Gabriel
Madrid contra el Antisemitismo
