EL ANTISIONISMO LOS CRÍA Y ELLOS SE JUNTAN: LA NO TAN EXTRAÑA CONVERGENCIA ENTRE EXTREMA DERECHA Y EXTREMA IZQUIERDA.

El acto titulado “Por Irán contra el sionismo”, del  jueves 19 de marzo a las 19:30 horas en el Espacio Ardemans, constituye un ejemplo elocuente de una convergencia ideológica entre extrema derecha y extrema izquierda, que, lejos de ser anecdótica, responde a patrones reconocibles en la historia política contemporánea. Bajo una formulación aparentemente centrada en la geopolítica, el eje del discurso se articula en torno a una hostilidad compartida que encuentra en el antisemitismo un punto de unión entre sectores situados en extremos opuestos del espectro ideológico.

Desde ámbitos próximos a la extrema derecha de tradición falangista y también nacionalsocialista, la figura del judío ha sido históricamente construida como un elemento desestabilizador, asociado a la decadencia moral, al poder financiero y a la disolución de la identidad nacional. Este imaginario no desaparece, sino que se reconfigura y encuentra resonancias en ciertos discursos contemporáneos que, desde posiciones de extrema izquierda, centran su crítica en el Estado de Israel hasta expandirla hacia un plano más amplio. El señalamiento de empresas, universidades e instituciones vinculadas de algún modo con Israel, así como la utilización sistemática de categorías maximalistas, contribuyen a generar una representación homogénea y negativa que trasciende el ámbito político para instalarse en el terreno simbólico.

En ese desplazamiento, el conflicto concreto se diluye y da paso a una narrativa en la que el judío, directa o indirectamente, aparece como encarnación de dinámicas globales de injusticia. Esta operación discursiva simplifica la complejidad histórica y política, y reactiva esquemas de identificación del enemigo que han tenido consecuencias devastadoras en el pasado. La reiteración de estos patrones, aunque adaptada a nuevos lenguajes, mantiene una continuidad inquietante con formas clásicas de antisemitismo.

El respaldo explícito o implícito al régimen de Irán introduce un segundo elemento de convergencia que refuerza esta lectura. La alineación con un régimen cuya identidad política incluye una oposición frontal a Israel y que ha integrado esa posición en su proyección internacional evidencia la existencia de un terreno común construido sobre la negación del otro. Esta coincidencia trasciende las diferencias ideológicas tradicionales y apunta a una lógica de agregación basada en afinidades negativas.

La historia ofrece precedentes de este tipo de confluencias. El nacionalsocialismo, en sus orígenes, incorporó elementos de crítica al capitalismo y de apelación a lo social que coexistían con un nacionalismo radical y un antisemitismo estructural. Esa combinación permitió articular un relato en el que el judío era presentado como responsable de múltiples males, facilitando su conversión en objetivo prioritario de exclusión. Salvo la dimensión racial, vemos paralelismos muy evidentes de algunos de estos aspectos en la extrema izquierda, incluyendo el nacionalismo radical en casos de grupos separatistas. 

El análisis de este acto y el seguimiento de las intervenciones de unos y otros permite, por tanto, observar cómo determinados marcos interpretativos reaparecen en contextos distintos, articulando alianzas inesperadas sobre la base de una misma lógica de identificación del enemigo. Más allá de las diferencias formales, lo que se pone de manifiesto es la persistencia de un núcleo discursivo que sigue operando como punto de encuentro entre extremos ideológicos.

En ambos espectros ideológicos, el antisionismo opera como una reformulación del antisemitismo en un registro político aparentemente legitimado. La israelofobia se amplía desde el análisis de decisiones concretas o de políticas específicas hasta convertirse en una impugnación global que cuestiona la propia existencia del Estado y, por extensión, proyecta sobre los judíos una responsabilidad colectiva. Este desplazamiento permite mantener esquemas tradicionales de hostilidad —la atribución de poder excesivo, la idea de conspiración, la deslegitimación moral— bajo un lenguaje adaptado al presente. La identificación sistemática entre lo judío y lo condenable, aunque se exprese en términos de “sionismo”, reproduce patrones históricos de exclusión y contribuye a normalizar una forma de antisemitismo que se presenta como discurso político.

Cuidado, que quizá el fascismo también puede llegar por la izquierda. 

Yojanan ben Abraham

Comisión Acción Jurídica

Coordinadora Estatal de Lucha contra el Antisemitismo.