Silencio cómplice ante un crimen de lesa humanidad: la masacre del pueblo iraní ignorada por la comunidad internacional

¿Qué le sucede al mundo? ¿Y a las instituciones derivadas de la Carta de la ONU? ¿A los países que exhiben valores democráticos?

¿A las ONG, «influencers», partidos, sindicatos, artistas y aquellas gentes que proclaman la defensa de los derechos humanos? ¿Por qué ese silencio ante la masacre terrorista —crimen de lesa humanidad— hacia el pueblo iraní que está ejecutando el régimen teocrático islamista?

¿Por qué esos sesgos, ese doble rasero y esa banalización del sufrimiento, en especial de las mujeres valientes que luchan por su libertad frente a la dictadura de los ayatolás?

Aquí no hay solidaridad, no hay flotillas, proclamas, campañas, pronunciamientos. Solo hay un ruidoso y delator silencio.

No es de ahora la gran hipocresía. En 1979, durante la revolución islámica de Jomeini, asistí a debates con sectores “izquierdistas” que veían una oportunidad de alianza en el tablero mundial frente al “imperialismo yanqui”; algo que más recientemente otros nuevos y asiduos de la TV de los ayatolás expresaron como alianza necesaria que requiere “cabalgar las contradicciones”.

Y mientras, otros paralelamente sostienen que las condiciones geopolíticas dificultan incluso reconocer a la “Guardia Revolucionaria Islámica”, aparato sanguinario del Estado teocrático, como organización terrorista, tal y como ya reconoce la Unión Europea.

En el otro extremo del arco ideológico, neofascistas se sienten confortados porque la dictadura islamista es vanguardia en la lucha contra Israel y los ayatolás han prometido un nuevo Holocausto, esta vez nuclear, así como apoyar a organizaciones terroristas como Hamás en Gaza, a Hezbolá en Líbano, a hutíes en Yemen, a las milicias en Siria, al denominado “anillo de fuego” contra Israel, en lo que coinciden con neoizquierdistas, sin olvidar alianzas que se proyectan en dictaduras como en Venezuela y otros países latinoamericanos donde llega la larga mano islamista-iraní.

Un crimen de lesa humanidad

En poco más de una semana, la dictadura teocrática islamista, según testimonios públicos conocidos, ha asesinado a más de 43.000 personas, menores incluidos, ha causado más de 350.000 heridos, ha dejado ciegos a 10.000 personas, aunque desgraciadamente se espera confirmar una cifra mucho mayor, según fuentes de la solidaridad internacional con el pueblo iraní.

Sucedió durante la movilización social y pacífica, alimentada por la crisis económica y la situación de miseria a todos los niveles, que alcanza hasta el acceso al agua, en un país de importante riqueza, con más de 90 millones de personas.

Los primeros asesinatos tuvieron lugar el 28 de diciembre, siendo su momento más terrorífico los días 8, 9 y posteriores de enero coincidentes con la convocatoria a la que respondieron millones de personas en un rotundo rechazo social a la dictadura religiosa-militar.

La masacre sucedía en más de 200 ciudades donde hubo represión del Estado que asesinó a manifestantes pacíficos y contó con la participación de grupos terroristas como la Guardia Revolucionaria, los Basij y los proxys financiados que venían de Irak, Afganistán, Pakistán y otros países, sembrando la muerte mediante disparos indiscriminados desde helicópteros, azoteas, balcones, entrando en portales y casas, matando heridos en hospitales, disparando por la noche a quien saliera a la calle. Una matanza.

El alcance y dimensión de la masacre de civiles es imposible de conocer: cortaron Internet desde el 8 de enero y aún sigue sin normalidad.

No hay comunicación fiable por parte de las autoridades del régimen, hay censura y no existen medios de comunicación independientes, se persigue a informadores críticos con pena de ejecución por espías. Y todo fue en cumplimiento de la orden de Alí Jamenei, el líder supremo, el más alto dirigente del Estado islamista, que exigió el empleo de máxima dureza en la represión hacia los manifestantes pacíficos, a los que calificó de alborotadores y agentes de Mossad.

Con este bulo, para muchos es suficiente para justificar esta barbarie silenciada. Estamos ante un crimen de lesa humanidad, una acción generalizada de un gobierno contra su propia ciudadanía que defendía sus libertades y derechos, y que no debe prescribir, y deben ser imputados todos los responsables e implicados en esta barbarie.

Opresión de las mujeres, de las minorías religiosas, étnicas, sexuales, y la disidencia

Vivimos un momento de amoralidad, de quienes se instalan en el “vale todo” y que ya tuvo sus antecedentes en el siglo pasado, durante numerosos “procesos revolucionarios” que legitimaban dictaduras sangrientas porque “el fin justificaba los medios”.

Pensamos que habíamos derrotado esa perspectiva, pero la amoralidad volvió como denota la apuesta por el silencio de los corderos en la masacre del pueblo iraní.

No es la primera vez que esta dictadura religiosa-militar reprime a sangre y fuego las protestas sociales, numerosas en las últimas décadas, en reclamo de la dignidad, libertad, justicia e igualdad, pero esta vez sí que ha sido la más salvaje, atroz y sanguinaria de este régimen que mediante una brutal represión y gozando del silencio cómplice de la Comunidad Internacional ha conseguido mantenerse en el poder desde hace 47 años.

La Inquisición islamista reprime salvajemente a las mujeres que son víctimas de crímenes de odio misógino, y también las minorías religiosas, étnicas, sexuales y la disidencia, con ejecuciones sumarias.

Y la ONU guarda silencio, junto a la débil crítica de la Unión Europea.

Es preciso recordar el levantamiento de las mujeres iraníes, al que se sumaron varones también, en septiembre de 2022, en respuesta a las discriminaciones, opresiones y asesinatos basados en apartheid por razón de sexo, con especial protagonismo de la “Policía de la Moral y la Virtud” que tiene la función de vigilar el cumplimiento de los preceptos islamistas, en especial el uso del código de vestimenta obligatorio para las mujeres y que muestra su misoginia institucionalizada y su constante violación de Derechos Humanos.

Las movilizaciones pacíficas de “Mujer, Vida, Libertad”, que en pocos meses fueron duramente aplastadas, realizándose ejecuciones públicas por participar en las manifestaciones.

De nuevo el pueblo iraní en la diáspora se ha echado a las calles en numerosas ciudades europeas, continuando la movilización de los que allí no pueden porque les asesinan, llamando a la solidaridad internacional, al compromiso de los gobiernos democráticos, a que no les dejen en soledad y a que no mantengan un silencio cómplice.

Reivindicaciones

Organizaciones en España como la Voz de Irán y activistas agrupados en el Comité de Solidaridad con el Pueblo Iraní piden y reivindican:

• La paralización inmediata de todas las penas de muerte y de cualesquiera otras penas que constan en la tortura o en tratos inhumanos o degradantes de la condición humana.

 La libertad de todos los presos por motivos políticos o de conciencia.

• La expulsión de los representantes diplomáticos del actual régimen iraní, así como la congelación de sus activos que pudieran estar depositados en entidades financieras.

• La activación del acuerdo de la ONU de Responsabilidad de Proteger a la población iraní de una matanza masiva de la mano de la casta criminal que ejerce el poder contra su propio pueblo.

• El fin de la dictadura teocrática islamista que mantiene secuestrado a todo un pueblo.

• La condena internacional y la desarticulación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán y su aparato represor, acabando con las organizaciones terroristas de cualquier índole y en especial los brazos armados islamistas.

• La constitución de un tribunal penal internacional para el enjuiciamiento de los crímenes de Estado cometidos a lo largo de esta etapa de gobierno teocrático.

• El efectivo ejercicio de justicia que garantice los derechos de las víctimas de la dictadura teocrática islamista.

Poner fin a la dictadura teocrática

¿Y a qué espera la Comunidad Internacional, que reivindicación no se entiende? ¿Y el gobierno, el Parlamento español y el conjunto de instituciones, partidos, sindicatos y ONG?

Es urgente poner fin a la dictadura teocrática islamista en Irán y posibilitar un gobierno de transición legítimo que restaure el régimen de derecho y libertades; es una necesidad y no sólo para el futuro de Irán, sino para la paz mundial.

La mayoría de las organizaciones políticas y sociales se pronuncian en el interior y exterior, como estamos viendo en las manifestaciones europeas, por el reconocimiento del liderazgo en el período de transición de Reza Pahlavi, como figura nacional ampliamente respaldada por el pueblo iraní y que se proyecta como símbolo de unidad nacional, de ruptura con la dictadura y de esperanza democrática, en una transición pacífica que permita la instauración de un Estado de derecho, el respeto a las libertades fundamentales y la restitución de la soberanía popular al pueblo iraní.

No obstante, y más allá de los difíciles recorridos transicionales, el cumplimiento de acciones solidarias es urgente y está basado en el deber moral, legal y humano de poner fin a la masacre del pueblo iraní.

De lo contrario sería una sentencia de muerte para millones de personas y constituiría un precedente para que otros gobiernos cometan masacres contra sus propios pueblos con total impunidad, en una permisividad inaceptable con el gobierno islamista de Irán durante casi medio siglo. No les abandonemos.

Esteban Ibarra, Presidente de Movimiento contra la Intolerancia